El telar de Aracne

Carmen Romero Lorenzo

Categoría: Lecturas

Traducción (II) Suficientemente dura de Marissa Lingen

Vuelvo al blog para traeros una nueva traducción. Esta vez se trata del artículo “Suficientemente dura” de la autora estadounidense Marissa Lingen, publicado originalmente en Uncanny Magazine.  Lingen reflexiona sobre el término “ciencia ficción dura” y sobre quiénes están capacitados para escribirla.

Si queréis saber más sobre la autora, Marissa Lingen vive en Minnesota y ha publicado decenas de cuentos de fantasía y ciencia ficción en revistas y antologías especializadas. Aquí podéis consultar toda su bibliografía.

Sin más dilación, os dejo con su artículo:

Suficientemente dura

Marissa Lingen

Viajar más rápido que la velocidad de la luz no es ciencia. Intenta demostrarme lo contrario.

¿Viajar en el tiempo? Tampoco

La lista de tropos de ciencia ficción y la de tropos no considerados lo suficientemente científicos para contar como ciencia ficción son casi idénticas. Así pues, la cuestión sería: ¿de quién es la verdadera ciencia ficción? ¿De quién es la ciencia ficción dura? ¿Quién escribe una ciencia lo suficientemente científica?

Como escritora que oscila entre la ciencia ficción y la fantasía, con algunas obras que son básicamente ciencia ficción dura, he empleado mi grado en física bastante. Utilizó ecuaciones diferenciales parciales con más frecuencia de la que se podría pensar. Y, me apresuro a aclarar, no para calcular órbitas, coeficientes de materiales, o cualquier otra cuestión que pueda parecer lo suficientemente dura e hipercientífica. No. Uso las ecuaciones diferenciales cuando me preguntan cosas como: “¿Por qué las mujeres no escriben ciencia ficción?, que en realidad suele traducirse en: “¿Por qué las mujeres no escriben verdadera ciencia ficción que no pueda confundirse con la fantasía?”

Cuando los fans masculinos se plantan delante de mí (y de mis decenas de publicaciones en Analog and Nature y antologías con nombres como “Ciencia ficción escrita por científicos”) y me preguntan si las mujeres no escriben ciencia ficción porque carecen de currículum científico, las ecuaciones diferenciales se convierten en un recurso muy fácil al que echar mano. Actúan como escudo. Como un caparazón que he desarrollado.

Y lo he hecho. Recuerdo tres ocasiones (y quizás me esté olvidando de alguna, se me mezclan unas con otras) en las que he retado a los asistentes entre la audiencia que han declarado algo similar, que las mujeres no escriben ciencia ficción o ciencia ficción dura, a un concurso de ecuaciones diferenciales. Incluso me ofrecía a empezar yo misma.

Ponme a prueba. Me he endurecido. Soy lo suficientemente dura.

Nunca aceptan el reto, así que logro existir como escritora de ciencia ficción dura. Sé más de ciencia que ellos, así que gano.

El problema es que ellos no son los únicos que pierden.

En el número del 11 de enero de 2018 de la revista Nature figuraba una encuesta del centro Pew Research en la que se afirmaba que la mitad de las mujeres que trabajaban en campos científicos admitían haber sufrido discriminación a causa de su género, en comparación con el 41% en otros campos. El 62% de las personas negras ocupando cargos científicos denunciaban lo mismo respecto a la discriminación racial, en comparación con el 50% de personas negras en otros trabajos. No se proporcionaban números sobre personas no binarias, por ejemplo, o latinas, o nativas, indígenas, o de las Naciones Originarias de Canadá, o de cualquier otro grupo marginalizado.

Y eso es solo un sitio donde comenzar a vislumbrar el problema con las personas a quiénes consideramos las más aptas para escribir ciencia ficción dura. Otro dato básico sería el de quiénes están dedicándose a la ciencia de manera profesional. El censo nos informa de que las personas negras constituyen el 6% de los trabajadores en este campo, en comparación con el 11% total de mano de obra en los EEUU. Tiene sentido cuando una se detiene a mirar el tipo de discriminación que existe en estos trabajos. Y cuando se piensa en el tipo de discriminación que precede a esta.

Obviamente las cifras varían a nivel global. Pero la mayoría de la ciencia ficción que se publica en el mundo anglófono está escrita por personas que trabajan en el mundo anglófono. Y aquí tenemos un problema con los campos científicos, en primer lugar, con el acceso a ellos y después con cuestiones de estatus y acoso a los que consiguen entrar. Y mientras más aceptamos esta división entre los que tienen acreditaciones para escribir ciencia ficción dura y los que no, más reforzamos la idea de que los cualificados son… los sospechosos habituales, que estadísticamente van a ser hombres cis, blancos y heterosexuales.

La imagen de la ciencia que se nos presenta en la ficción también refuerza nuestro ideario de quiénes son los científicos. Y estudio tras estudio nos han revelado que las imágenes que nos muestran, y la que nosotros mismos nos hemos creado, sobre los científicos son de media estadística la de hombres blancos con el pelo alborotado. (Tengo que confesar que lo del pelo alborotado es bastante real). Esto se retrotrae al tema de quiénes escriben ciencia ficción y, por ende, a qué tipo de personajes científicos es probable que vayan a representar.

Y todo esto ya sería lo suficientemente malo si la ciencia ficción dura realmente requiriera de las ecuaciones diferenciales, pero yo he escrito bastante, y leído todavía más, y puedo prometer que ninguna ecuación diferencial sufrió daño alguno en la elaboración de este tipo de ficción. O más bien, probablemente sufrieron daños, al menos a nivel emocional, si echaron un vistazo a lo que se les obligaba a hacer, porque con toda certeza no se las estaba utilizando para construir dicha ficción de manera meticulosa.

Pero ¿no se supone que esto va de la ciencia? ¿No es esa la definición? Más o menos. En partes. La ciencia ficción dura es jugar con la ciencia. Divertirse con ella. Trastear como un niño travieso. Y los fans de la ciencia ficción dura suelen recordarlo perfectamente excepto cuando hay alguien dispuesto a incluir en la etiqueta algo que no es lo suficientemente duro.

Ups.

¿De qué otra manera podríamos hacerlo? ¿Cómo mejoramos esta situación? ¿Cómo dejo de conversar con escritores, inteligentes y con talento, que me dicen que no saben lo suficiente de ciencia como para escribir una historia de ciencia ficción dura, que la suya solo va de una familia en Marte que encuentra una roca de aspecto extraño? Que la suya solo va de zoología o de algo que les interesa mucho sobre la botánica. Hasta cierto punto, siempre que escriban su historia no importa si no quieren batirse a puñetazos por la etiqueta. Escribid la historia, jugad con la ciencia, encontrad ese placer. Disfrutad de vuestros loros, hongos, y de vuestros extraños alienígenas muriéndose de ganas de respirar metano.

Pero los que estamos dentro, los que tenemos las acreditaciones para decir “sí, he hecho la dispersión de Rutherford, he usado un microscopio de exploración y contemplado las relaciones estructurales de los átomos de la substancia que elegí poner en esta historia. He hecho todo eso, hasta en mi DNI pone que soy una friki de la ciencia, lo llevó aquí si quieres verlo”. No creo que sea suficiente sacudírselo de encima y dejarlo caer sobre la espalda de otros. Decir que para ellos no importa. Depende de nosotros, que trabajamos desde dentro, decir: “en realidad, este no es el motivo. Tengo mis acreditaciones de científica, pero no son el motor de mi ciencia ficción. He trasteado bastante con el género. Sé lo que lo hace funcionar. Y no son las acreditaciones”.

Y decir: “Eh, yo trabajo con ciencia, la conozco, y… la botánica también es ciencia y la zoología y la psicología”. Así que, si la ciencia ficción dura es la que especula con la ciencia, tratad de adivina a quién me gustaría proponer para el club.

La ciencia ficción dura es como construir con cubos de juguete. Vuestras obras no tienen que copiar el código de edificación del vecindario, el único requisito es que se no desmoronen durante el tiempo necesario para convertirse en algo guay. Con una caja de cubos versátil, puede construirse un arte conmovedor y que desafié nuestra manera de pensar. Contemplar a un graduado en arquitectura jugar con cubos puede ser increíble, pero eso no significa que sean los únicos capaces de construir algo que merezca nuestra atención. Y casi nunca van a dedicarse a apartar a los demás y decirles que ni lo intenten.

En la práctica, la ciencia ficción dura es casi siempre un término comparativo. Más dura que esto o que lo otro. Cuando alguien empieza una guerra en el género argumentando que Stark Trek está dentro y Star Wars no, es fácil para un fan de Greg Egan dejarlo fuera de combate con una explicación sobre el aspecto de la “verdadera ciencia ficción dura”. Pero desde el punto de vista creativo, ¿adónde nos lleva eso? ¿Es ese el camino para incluir a voces diversas que tradicionalmente se han quedado fuera?

¿No es más divertido tener más amigos, cada uno diferente, que jueguen a la ciencia contigo? ¿No es mejor para la ficción, la ciencia ficción, y la ciencia ficción dura, encogerse de hombros y decir “tiraos a la piscina, el agua está perfecta”? y si da la casualidad de que queréis escribir ciencia ficción dura sobre hidrología, no os hace falta un título universitario, solo documentaros y divertíos especulando.

Desde los blandos interiores de este caparazón de física, os puedo prometer que eso es de lo que realmente va la ciencia ficción dura.

Lecturas veraniegas: de Pilar Bellver a Nina Allan

Es un poco extraño comenzar a escribir un blog. Muchas veces se me ha pasado por la cabeza  crear un espacio donde publicar pequeñas reflexiones o reseñas, pero he acabado desestimando la idea por falta de tiempo y, quizás, por  timidez. No sabía cómo empezar. Así que me he decantado al final por algo sencillo: un repaso a mis primeras lecturas veraniegas, porque si hay algo de lo que me gusta hablar son los libros.

Ha dado la casualidad de que hay bastante variedad entre mis lecturas, lo único que tienen en común es que todas han sido escritas por mujeres, lo cual no responde a un reto ni un propósito especial, sino más bien a mis propios gustos. ¿Qué se le va a hacer? Las autoras escribimos muy bien.

VyV. Violación y venganza de Pilar Bellver

Portada de VyV. Violación y Venganza. Pilar Bellver.

 

Editorial: Dos Bigotes

Año de Publicación: 2017

En primer lugar me gustaría hablar sobre este novelón de Pilar Bellver que recupera el espíritu de los grandes autores del XIX para crear una épica feminista ambientada en la actualidad. Se trata de un retelling del mito de Filomela y Progne, tal y como aparece  en Las Metamorfosis de Ovidio .  Fue esto lo que me llamo en primer lugar del libro.  Había oído hablar muy bien de su autora, Pilar Bellver, y de su anterior novela A Virginia le gustaba Vita, así que cuando lo vi la víspera de Navidad, colocado con mucho primor sobre las estanterías de una de mis librerías favoritas, no me lo pensé mucho.

Y es que hacía tiempo que el mito de Filomela y Progne se había ganado un lugar en mi corazón. Tuve una asignatura en la carrera sobre Las Metamorfosis y, en general, fue una lectura de la que disfruté mucho, pero ninguno de sus mitos me llegó tanto como el de estas princesas atenienses separadas por un matrimonio desgraciado y unidas por la sororidad. En estos días en los que tenemos que gritar cada vez con más fuerza: YO SÍ TE CREO, una novela como la de Bellver no es solo bienvenida, sino necesaria.  Violación y Venganza ofrece una salida catártica a las supervivientes de violencia sexual a través de la historia de dos hermanas que se aman sobre todas las cosas, con unas ideas políticas muy definidas y, en caso de una ellas, una militancia feroz. También me gustaría señalar que esta novela aúna el feminismo con la lucha ecologista de una manera original y simbólica que, sin duda, invita a la reflexión.

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de entrevistar a Pillar Bellver para el blog Caja de letras: aquí podéis saber más sobre y ella y el proceso de creación de Violación y Venganza. 

La madriguera del conejo de Laura López Alfranca

Portada de la madriguera del conejo de Laura Alfranca

Editorial: Café con leche

Año de publicación: 2018

Esta encantadora novelette no es lo primero que leo de Laura. Es una autora con la que he tenido la suerte de interaccionar durante bastante tiempo e incluso aparecemos juntas en alguna antología. Estoy familiarizada con las locuras que surgen de su pluma y sus personajes carismático. En esta ocasión, nos encontramos con un multiuniverso poblado por los personajes de varios clásicos infantiles, que Laura reinventa a su gusto. Además de divertida y alocada, esta novelette nos hace reflexionar sobre la familia y nos advierte de los peligros de aferrarnos al pasado. Si bien a veces es confusa y avanza demasiado rápido, es una lectura muy agradable, sobre todo por la imaginación desatada que destila. Vuelvo a hacer un llamamiento a su autora para que nos bendiga con una segunda parte.

The Beast Player de Nahoko Uehashi

Portada de The Beast Player de Nahoko Uehashi. Lectura Veraniega

 

Editorial: Pushkin Press

Año de edición: 2018

Traductora: Cathy Hirano

La tercera de mis lecturas veraniegas es esta fascinante novela juvenil firmada por Nahoko Uehashi y traducida al inglés por Cathy Hirano. Es una lástima que todavía no se encuentre disponible en español esta pequeña joya, pues sin duda la excepcional habilidad para contar historias de Uehashi la hace merecedora de mayor reconocimiento internacional. Tengo entendido que en su propio país sí goza de popularidad y se han producido animes sobre sus obras. De hecho  existe una adaptación de The beast player con el título de Kemono no Sōja.

Es una novela coming of age sobre una niña llamada Elin que aspira a convertirse en una médica de bestias al igual que su madre, que está a cargo de unas terribles serpientes marinas conocidas como toda. El reino cría a estos seres como armas de guerra, por lo tanto este trabajo es de gran importancia. Desde el principio, la protagonista nos plantea un conflicto entre las necesidades humanas y la naturaleza de estas bestias y otros animales. Este tema se va desarrollando de manera progresiva a través no solo de la trama, sino de un worldbuilding muy cuidado en el que nada es casual y de la relación de la propia Elin con las bestias, que está tan desarrollada, e incluso en ocasiones más, como la que mantiene con personajes humanos.

Esta novela, con su lenguaje poético y simple, es una delicia de gran potencia emocional y madurez. Si bien a veces peca de expositiva, me parce un gran ejemplo de cómo construir un universo de fantasía sin descuidar los personajes y la historia.

The five daughers of the Moon de Leena Likitalo

Resultado de imagen de The five daughters of the moon

Editorial: St. Martin’s Press

Año de publicación: 2017

No todo iban a ser lecturas placenteras. Esta novela de la finlandesa Leena Likitalo ha sido una de las grandes decepciones del año. Tampoco está traducido al español, pero en este caso no lo lamento demasiado. Compré en digital esta novela, porque no pude resistirme a su premisa: un retelling híbrido de fantasía y ciencia ficción de la historia de las hermanas Romanov.

La historia se desarrolla en un universo imaginario donde existe una religión que adora a la luna y los sacerdotes utilizan almas de animales para sus hechizos. El imperio está regido por la emperatriz, que es a la vez hija y esposa de la luna. Si bien la simbología y estética me han resultado atractivas, me parece que la autora ha plantado unas bases superficiales sobre las que no sabido trabajar.  Tanto la traslación de los personajes históricos a su novela (Rasputín, la emperatriz, las hermanas) como el tratamiento de unos temas complejos  (revolución, privilegios, violaciones) fallan en su ejecución. Los personajes son planos y sus voces narrativas prácticamente indistinguibles, además las dinámicas entre ellos apenas se sostienen y carecen de interés.  En definitiva, no creo que le de una oportunidad a la segunda parte.

The Rift de Nina Allan

Portada de The Rift de Nina Allan

La última de mis lecturas ha sido esta fascinante y compleja novela de la británica Nina Allan, quien se está perfilando en los últimos tiempos como una de mis autoras predilectas. Me encanta su manera de introducir lo maravilloso dentro de lo cotidiano, al igual que la calidad y belleza de su pluma. En español, podemos encontrar bastantes de sus obras, pero esta novela aún permanece inédita en nuestro idioma (esperemos que no por mucho tiempo).

La novela se centra en la desaparición de Julie cuando era adolescente y las consecuencias que esto tuvo para su hermana Selena. El título que se traduciría como “la grieta” hace referencia al tema principal de la novela: las separaciones y rúpturas, tanto simbólicas como reales. La familia de Selena se rompe con la desaparición de Julie y cuando esta regresa, veinte años más tarde,  la fisura parece irreparable. Durante toda la novela, Allan nos hará reflexionar sobre lo que mantiene unidas a las familia, las enfermedades mentales y los límites de la realidad a la vez que alimenta esta grieta entre las dos hermanas. Los elementos de ciencia ficción son también bastante reseñables y están presentados con una elegancia exquisita.

Próximas lecturas veraniegas

Todavía queda mucho verano, así que espero poder hacer otra entrada similar a esta en unas pocas semana. De momento adelanto que estoy leyendo La maldición de Chalion de Lois McMaster Bujold y que me está encantando. ¡Nos leemos!